a23c4f1 Lo suyo es la cartomancia. Desde La Bola de Cristal, Peggy defiende un esoterismo basado en energías positivas aunque, asegura, «en otro tiempo me quemarían»

Peregrina es hoy un nombre poco frecuente. Suena a otros tiempos. Tal vez por eso sus padres comenzaron a llamarle, ya desde muy pequeña, Peggy. Por aquel entonces nada hacía presagiar un futuro consagrado a las artes numinosas.

FUENTE: lavozdegalicia.es

En su caso no hubo llamadas extrañas ni vocaciones misteriosas. Únicamente, asegura Peggy, mucha curiosidad, una pasión profunda por las ciencias ocultas y la confluencia de varios factores (un particular encadenamiento de causas y efectos, diría ella) trazando un camino que poco a poco le ha conducido a la cartomancia, la adivinación a través de las cartas, como profesión, como medio de vida.

«A mí el esoterismo me llamaba muchísimo, pero en realidad quería ser actriz o periodista, así que cuando empecé a trabajar en Telesalnés como reportera, con 18 años, les propuse un programa sobre gente que se dedicase a las ciencias ocultas o a las medicinas alternativas». Los responsables del canal arousano aceptaron a regañadientes y así nació Noite Meiga. «Entrevistamos a más de 80 personas de la comarca y también de otros puntos de la provincia». Pronto comenzaron las consultas por teléfono y, de ahí, la idea de poner una tienda. «Hasta entonces aquí no había nada; en el programa hablábamos de piedras, de velas, de minerales, pero si querías algo tenías que irte a Vigo».

La Bola de Cristal fue uno de los efectos generados por la Noite Meiga. Pero no el único. Ni siquiera el más importante. «Conocer a tanta gente me aportó muchísima información, yo estaba encantada». Claro que había un problema. El personal que desfilaba por el plató de Ribadumia recomendaba a su clientela baños con hierbas que les habían enseñado sus abuelas, paseos por una playa o un bosque determinados. Todo aquello parecía funcionar, sin embargo sus propios artífices no sabían por qué. «Seguían una tradición y lo hacían todo bien, friegas con hierbas, ungüentos, sin embargo habían perdido las bases, los principios, eso lo desconocían». Faltaba, en definitiva, un aparato teórico, una filosofía que explicase y diese sentido a todo ese conjunto de prácticas. Peggy lo halló en el Movimiento Gnóstico y en la Wicca, una religión neopagana que recupera divinidades ancestrales como el dios cornudo de los pueblos célticos o la diosa madre primigenia.

Una base ética para la magia

Va siendo hora de preguntarse en qué consiste, en realidad, la magia. «Existe, y lo es todo, pero hay reglas que no puedes sobrepasar. Se trata de conocer y utilizar las energías a las que podemos acceder para conseguir crear nuestra voluntad sin hacer daño a nada ni a nadie; tienes que tener una base ética, unos principios filosóficos y un conocimiento de cómo puedes afectar a tu entorno».

La teoría Gaia, que concibe el planeta como un gigantesco sistema interconectado, los ciclos de la tierra, los ciclos lunares, su influencia sobre la naturaleza y el comportamiento humano… El elenco de material esotérico en el que bucear es muy amplio, pero posee denominadores comunes: «Un respeto enorme a las leyes naturales, a la ecología y al equilibrio entre la parte masculina, que es la acción, y la femenina, la energía de la sensibilidad y la intuición, que conviven en cada ser humano».

Ya que todo está relacionado con todo, y la realidad se rige por un juego de energías e influencias, el secreto del arte de la adivinación reside, básicamente, en la habilidad para «poder ver las consecuencias de tus actos en las cartas». El futuro no está siempre escrito, hay cosas que se pueden ver para tratar de cambiarlas, porque si cambias la causa modificas el efecto. Si no fuese así, ¿para qué querrías examinar ese futuro?», razona la cartomántica arousana.

A todo diagnóstico le sigue, efectivamente, la prescripción de un tratamiento. Y la gente que acude a la consulta de Peggy no solo quiere conocer lo que le espera, sino también influir en su propia vida. En ocasiones, también en la de los demás. «Muchas veces la persona viene cargada de odio e incomprensión, pensando que todos tienen la culpa de sus males; la gente cree que las cosas no les van bien porque les quieren mal, porque la envidia les hace víctima del entorno». «No quiero decir que la envidia, hasta cierto punto, no cause efectos, lo hace porque es energía que se desprende y te carga -advierte Peggy- pero las causas de lo que te ocurre debes buscarlas en ti mismo».

La energía es, otra vez, la clave. «La energía telúrica de la tierra, incluso la que utilizan los electrodomésticos, todo nos afecta; cuando haces un ritual lo que haces es levantar una carga eléctrica de ión negativo, si tú andas descalzo sobre la tierra también consigues cargarte con ese ión. Y volvemos al principio: el secreto es conseguir una carga equilibrada; es pura ciencia».

En otro tiempo, la hoguera

En un lugar como este, preñado de tradiciones mágicas, esta serie de percepciones están muy presentes. Ahora bien, «Galicia fue un sitio oscuro, nublado, lluvioso, y nuestra parte esotérica se plagó de miedo, oscuridad, negatividad y superstición, se olvidó la parte más bonita, la luz; es todo tétrico, y la magia, como la religión, otorga el poder que da el miedo». «En otro tiempo -está convencida y lo afirma- a mí me quemarían».