2009-09-02_IMG_2009-08-26_01.10.33__X6401.jpg Adorna las estanterías de su despacho con “brujas buenas”, que se exhiben entre los manuales de psiquiatría, los libros de medicina legal o de enfermedad mental.

A la psiquiatra María Angustias Oliveras, que se dedica a aplicar la ciencia médica a sus pacientes, le regalaron un libro sobre el Tarot hace años y desde entonces le produce cierto divertimento la lectura de cartas, “sólo con los amigos y de broma, ¿eh?”, aclara, aunque no oculta su curiosidad por las creencias populares y el conocimiento sobre la mente humana.

FUENTE: diarioinformacion.com

ÁFRICA PRADO. La afición por el Tarot me vino por casualidad en el verano del año 80. Yo me iba a la playa con mis hijos, que eran pequeños, y no podía estar leyendo nada técnico o sesudo y me regalaron un libro del Tarot, que me lo llevaba a la playa”, apunta la psiquiatra María Angustias Oliveras, que añade que a continuación le regalaron las cartas y empezó a practicar con ellas. “Aunque sé que todas estas cosas son un engaño yo aprendí esto para reírme y es muy divertido. Hay gente que se lo cree pero yo me divierto. Hay mil formas de echar las cartas y yo suelo utilizarlas sobre todo con los amigos cuando vienen a casa. Cuando decae la reunión social esto es más divertido que ponerse a contar chistes”.
En esas situaciones distendidas, Oliveras dice haber tenido algún acierto, casual o no, “un embarazo de una amiga y un premio de la lotería de otro”, indica entre bromas esta mujer, que se considera “muy intuitiva, que captas muchos datos sin darte cuenta y, en un momento dado, cuajan” y admite que a veces con las cartas le ha sucedido algo parecido, “me dicen algo, aunque no descubro nada”.
Este pasatiempo llegó a su vida cuando preparaba su tesis doctoral sobre medicina popular y de esa época guarda recuerdos de su encuentro con numerosos curanderos y el conocimiento de creencias populares en la provincia, como el mal de ojo. Algunos de estos “médicos populares” aún le envían a ella a algunos pacientes “porque saben que cuando una cosa es seria sólo lo puede tratar un médico”.
Ella, que insiste en que no tiene nada que ver con Aramis Fuster, apunta que “la mayoría de estas actividades que salen por la tele son un engañabobos, pero yo no tengo prejuicios y reconozco que hay gente con dotes parapsicológicas y cosas que se escapan de nuestras posibilidades. Hay temores ancestrales y nos cuesta adaptarnos a la razón a veces. Tenemos más miedo a una serpiente que a un coche y morimos más por los coches que por las serpientes”, explica la psiquiatra, que se define como una mujer científica “y precisamente porque soy científica creo que no aprovechamos el poder de la mente y que el cerebro lo tenemos infrautilizado”.
Ella, no obstante, utiliza parte de él para leer sobre “los Templarios, la época mágica de las Cruzadas, las novelas góticas… eso siempre me ha gustado”.