La Edad Media fue extraordinariamente rica en demonios, astrología, brujería y hechicería.
Para bien personal o el mal de otros, estas creencias sobrenaturales rechazadas por la fe institucionalizada del cristianismo se multiplicaron con los aportes de los pueblos bárbaros y más, desde luego, en una época donde priva la fe sobre la razón. Así que con las persecuciones de magos, brujos y hechiceros, que se hicieron incluso hasta con los herejes a quienes se considera practicantes de tales creencias, se pretendió eliminarlas sin lograrlo. Las famosas cacerías de brujas de Alemania y Inglaterra y el tribunal de la Inquisición con toda su parafernalia de autos de fe, verdugos y hogueras, apenas si amainaron su crecimiento.
Será con el advenimiento del racionalismo, que se conmueven los cimientos de siglos en que se apoyaba el saber humano, con predominio de la fe sobre la razón, que el lineamiento histórico en el pensar y en el hacer cambiará para adentrarse en la investigación y en la experimentación con los secretos de la naturaleza que llevarían al desarrollo científico y, en consecuencia, al progreso que, con la amplia influencia del racionalismo filosófico, alejó los temores de la Iglesia perseguidora hasta de científicos -caso de Galileo y muchos más- y desmoronó, pero sin liquidarlas, las prácticas esotéricas en referencia.

En Sudáfrica, es habitual la práctica de brujería en el fútbol
En la sociedad navarra de los siglos XVI y XVII surgieron creencias de que las mujeres de antaño que usaban el poder de la naturaleza para curar enfermedades, practicaban la brujería.
La hechicería es aún una lucrativa actividad en Gambia y el Gobierno se vale de ella para controlar a las masas. IRENE SAVIO